Y después llegaste tú.
Un destello entre tus brumas,
que con lluvia me curaste las heridas,
y me hiciste darme cuenta
de que daba igual, si esto se inunda.
Eres esa tormenta de nubes blancas
Que siento que sólo quiero cerrar los ojos
y sentirte.
Y mojarme con tu humo.
Y mientras tú vuelas con el viento,
yo me dejo llevar y nunca llego
a rozar las estrellas, y siempre me caigo.
Y siempre termino mirando tu rastro.
Y son tus rayos de palidez.
Y son tus relámpagos de hielo.
Y es contigo con quien primero es la luz.
Y luego el tiempo. Y luego el ruido.
Contigo sólo seré una nube pasajera,
una ráfaga de viento, que nunca llega.
El chico que cuando está triste te observa
Y aunque no lo creas, le diluyes las penas.
Y por eso serás mi tormenta,
la de luz y calor, la de frío y veneno.
La que siempre queda demasiado lejos.
La que viene, arrasa, y se queda dentro.
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