Tras esta hibernación
cogeré las cenizas que me queden
y polarizaré mis emociones por ti una vez más.
Has ardido como los truenos que nunca quisiste escuchar.
Has electrizado cada uno de mis poros
con tu fuego interno al apagarlo.
Y no hay más notas para adornarte
ni más melodías para, poco a poco, desnudarte.
Hoy te vistes de silencio y de no volver a mirarme.
Recuerdo cuando me cogías de la garganta
y afinabas mis desperfectos
como quien toca un arpa sobre mis cuerdas vocales.
Mientras yo no sabía que decir
y me ahogaba en tus caricias
me cantaste que eras hielo y yo tinieblas.
Que yo te miro y mientras, tú tiemblas.
Que tú y yo volvimos desde el espacio
y llegamos a la tierra con nada más que letras.
Recogí las letras y dibujé tu nombre
y te llamé poesía, y te llamé tormenta,
te llamé de mil runas y tú siempre fuiste tú.
Y eternamente tú.
Ayer bailamos pegados el ritmo de tus caderas
y acabamos agotados y congelados;
y pensé, si esto es lo que sienten los cometas al volar.
Me he equivocado siguiendo tus huellas dactilares
y he tropezado con tus arañazos,
cayendo sobre tu pecho en triple tirabuzón.
Y en el calor de tu torso he encontrado
el paraíso de tus curvas
y sobretodo, la suavidad de tu piel.
Porque sea cual sea tu nombre hoy
Yo seguiré siendo yo
Y tú seguirás siendo tú para mi.
Y eternamente tú.
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